Voces brigadistas

¡Esto es ser brigadista en todas partes!
Uno de los más mayores decía: “la pregunta no es si los israelíes quieren exterminar a los palestinos. Ellos lo están haciendo abiertamente”.
Este verano hice una Brigada de Solidaridad en Palestina. Cuando volví a Cataluña todos me preguntaban y me parece que no conseguía ni el primer propósito de los brigadistas: transmitir la realidad vivida. Pasaban los días, las semanas, los países y no era capaz de encontrar las palabras adecuadas para explicar qué representa ser brigadista en Palestina. Alguna vez había pensado en parafrasear a Companys diciendo eso de “recogemos las lecciones de la experiencia, venimos para servir los ideales, llevamos el alma amarrada de sentimiento; nada de venganzas, pero sí un nuevo espíritu de justicia y reparación”. ¡No creía que pudiera funcionar, a no ser que concluyera la cita con eso de “Volveremos a sufrir, volveremos a luchar y volveremos a vencer!”, pero en esto último, los brigadistas no tenemos nada que luchar.
Desistí de la vía Companys y me centré en hablar del asedio, del colonialismo y del apartheid que vive el pueblo palestino. Algunos me miraban incrédulos… En fin, de hecho no hace falta ir a Palestina, ni ser brigadista, solo hace falta leer a Nelson Mandela: “sabemos muy bien que nuestra libertad no es completa sin la libertad de los palestinos”.Para remachar el argumento les citaba al ministro israelí, Eli Yishai, “el objetivo de la operación es que Gaza vuelva a la edad media”. Después yo añadía que han ido más allá de la edad media, han convertido todo un pueblo en protagonistas de una tragedia griega. El resultado de mi explicación solía concluir en un silencio incómodo. Para endulzarlo y poner fin a aquella situación, acababa tirando por la vía más fácil. Explicaba lo que me ha grapado más del pueblo palestino: su generosa hospitalidad, la tenaz esperanza y la testaruda resistencia. Claro, todo esto está muy bien, pero seguía sin explicar qué significa ser brigadista en Palestina.
Estaba convencido de que necesitaba más perspectiva. Fui a Sevilla, mientras contemplaba el legado arquitectónico árabe pensé en el valor de la hospitalidad del pueblo palestino. Me preguntaba cuando lo perdimos nosotros. Deben ser los efectos secundarios de la globalización.
De Sevilla a París, quizá unos días en el hogar de la revolución me ayudarían a encontrar la respuesta, pero nada. Se percibía la psicosis terrorista, hacía un par de semanas que no me afeitaba y los militares me revolvieron la maleta en busca de explosivos. Parece que algunos han vendido la esperanza a la resistencia xenófoba. Sentía el mismo malestar que en la ciudad de las armas, Jerusalén. Continuaba sin desentrañar, necesitaba más tiempo y distancia.
Ahora sí. Finalmente lo veo claro. Estoy en una catorcena planta en Medellín. Han pasado pocos días desde la derrota en el referéndum. La ciudad de la eterna primavera, un paraíso terrenal si no fuera porque el aire es sucio, contaminado. Recuerdo el lema de “si el clima fuera un banco, ya lo habrían rescatado” y todo fluye. Aquella misma tarde, en una de las muchas marchas por la paz, me he reencontrado con las mismas sonrisas y la misma gente que en Palestina. Aquellas personas que no se cansan ni se rinden.
Ser brigadista en Palestina es adentrarse en la reminiscencia de un país, como aquel que contempla los últimos rayos de sol antes de la oscura noche del olvido. Donde la luz del deseo y el anhelo de libertad se apaga en la oscuridad de la humillación y la derrota. No están solos, es por eso que hace falta que seas brigadista, para acompañarlos en la larga noche. Si lo haces, te llenarás de valores como resistencia, fraternidad y esperanza. Formarás parte de un gran nosotros, de los que hemos visto demasiadas veces la derrota en los ojos de los nuestros, de los que la queremos ver nunca más.
¡Esto es ser brigadista en todas partes!
Texto de Marc Iglesias Perez (Brigada Palestina 2016)


