Voces brigadistas

Mi jet-lag ha sido la añoranza
“Puse mi oído en la tierra así, como tú lo haces, y de la tierra saqué todas las sabias que arden” Claudia Lars 1899-1974
El verano de 2022 la Associació Catalana per la Pau y la Fundació Pau i Solidaritat de CCOO, impulsaron una Brigada de Solidaridad en El Salvador con La Canasta Campesina. Un equipo de cinco personas nos desplazamos: Sara, Sílvia, Jaume, Laura y yo misma. De entrada era toda una aventura, pero gracias al soporte constante de la Associació Catalana per la Pau y la acogida de la contraparte, La Canasta Campesina, ha sido mucho más plano.
El trabajo del ACP en países como Colombia, Cuba y Palestina, entre otros, les valida como una entidad con mucha experiencia y maestría, y el proyecto que impulsa la Asociación Cooperativa Agropecuaria La Canasta Campesina era muy atractivo y ha resultado en un gran descubrimiento. Ha sido el inicio de una relación que estoy segura qué llegará muy lejos.
Cuando participas en una Brigada de Solidaridad aprendes más que no aportas, parece un tópico, pero es cierto, al menos este es mi bagaje.
El Salvador es un país pequeño, de hecho el más pequeño de Centroamérica, como repetía Carme López, la matriarca de nuestra casa de acogida, una mujer que todo en ella es pura bondad. Es un país que sufre mucha migración, que sufre mucha inestabilidad, ha sufrido guerras constantes, violencia y catástrofes naturales, pero con una capacidad de resiliencia admirable. Es lejos, bastante lejos, pero en el fondo cuando te reencuentras allí ves que son muy cercanos y te das cuenta de la pérdida que esto supone para ambas partes.
El primer día, cuando aterrizaron, ya vimos lo que supondría el resto de las tres semanas. ¡La recogida en el aeropuerto por parte de la Marjorie fue explosiva, todos en la Picap, metidos, con las maletas detrás dentro de bolsas de plástico, porque allí en agosto es invierno y llueve mucho, muchísimo!
Comasagua era nuestro destino final. En este pequeño pueblecito de la comunidad de La Libertad es donde se inició el proyecto de La Canasta Campesina, una oportunidad para ayudar a prosperar a mujeres y jóvenes del municipio a través del cultivo de hortalizas. El cartel de “Bienvenidos a Comasagua” que medio distinguimos entre el negro de la noche y la lluvia nos anuncia que sí, que finalmente hemos llegado después de más de 24 horas de viaje. En Comasagua nos recibe Kasandra, la presidenta de la entidad y nos acompaña al espacio donde nos instalaremos durante unos días.
Despertar en Comasagua
Sí, fue un gran “despertar”, en todos los sentidos de la palabra. Desde descubrir todo un mundo hasta acostumbrarte a una vida humilde y sencilla, donde la palabra “lujo” como nosotros entendemos no existe. Es convivir con los elementos naturales, desde el agua hasta la alimentación, pasando por la tierra, el hogar, la salud, el transporte, la escuela, la compra, …, no es vivir al día, es improvisar cada minuto si hace falta, dejarte llevar en definitiva por lo que sucederá en cada momento del día.
Víctor Artiga, un artista salvadoreño, invitado por un proyecto cultural, fue nuestro “salvavidas” durante los primeros días, la burocracia no es fácil y cambiar euros por dólares y conseguir una tarjeta de móvil fue un reto, fue un anfitrión perfecto!
Con Kasandra, Febe, Cristian, Gabriel, Moriz, Ivan, Albert, Fernanda, Doribel, Chepe, Fernando, Jimena, y como no, César Erazo (enginiero agrónomo, profesor de universidad, gran divulgador) con sus clases magistrales y Michel Fouillade (Secours Populaire Français, SPF), conocimos y compartimos muchos ratos en la Ecofinca, sede del proyecto de La Canasta Campesina.
Vimos el entusiasmo, como se envolvian en su tarea, como gente muy joven, de 22 a 28 años y otros de más mayores, de 40 a 60 años como Beti, Carme, Norma o las mujeres de la Asociación Taipi (proyecto para madres solteras), los maestros de la escuela donde había un proyecto escolar coordinado también por La Canasta, La Conciencia Verde, compartían un objetivo, se apoyaban y respetaban entre ellos y entre todos cocinaban a fuego lento, pero decididos, una esperanza para su comunidad.
El Salvador me ha atrapado, allí he vivido mucho más de lo que me podía imaginar, allí he reído y llorado. Sí, porque irse de casa también implica hacerlo sin olvidar que estás lejos de los tuyos, que la vida no se para y que tú puedes no estar ante alguna circunstancia, y eso te hace madurar sentimentalmente, tengas la edad que tengas, nunca es tarde.
El Salvador me dio un hogar y una nueva familia que echo de menos profundamente, que sigo por las redes sociales y hablo con ellos y ellas siempre que puedo, que me alegra que estén bien y me preocupa cuando se les tuercen las cosas.
¡El Salvador también me ha regalado amistades, el equipo de Brigadistas, los más jóvenes, Sara i Jaume, una suerte poder contar con ellos, para mí fueron la paz y la serenidad que necesitaba, a pesar de su energía! Sílvia y Laura con su entusiasmo, informándose, preguntando y aprendiendo.

¿Qué me llevo de El Salvador?
La tierra. Una tierra que es el centro de su vida, una tierra que les da expectativas, una tierra roja que ha visto el sufrimiento de su gente y que ahora les devuelve la esperanza, una tierra con personas admirables, una tierra de sonrisas, de música, donde trabajan, se ayudan, te acogen, te acompañan y con quienes disfrutas de conversaciones infinitas, con sus alegrías y tristezas, de su historia, su lucha y de sus proyectos.
Me quedo con estos dos testimonios que pienso que ejemplifican lo que es el país y el proyecto de La Canasta Campesina:
Víctor Artiga, artista visual de El Salvador (actualmente vive en Bremen):
“Yo he estado como migrante y sé que no es fácil estar a fuera… y así ha sido para muchos salvadoreños que les tocó irse, pero siempre recuerdan la tierra allí donde están ahora, y quizás lo que yo me llevo en mi corazón y no puedo olvidar es como ese sentido de, de, (suspira) … No sé cómo le llamaría pero … Es como una manera de ser salvadoreño, que tiene que ser como muy abierto, muy como de corazón, de entrega y creo que eso es como la tierra quizás, sí, sí …”
Y mi Carme López querida:
“A mí La Canasta me ha ayudado a hablar con otras personas. Antes era muy tímida y no recibía visitas. Ahora platico mucho, recibo gente en mi casa. He mejorado mucho personalmente.”
El Salvador también me inspiró, observé, escuché, hice fotos, grabé sonidos de la tierra y escribí poesía, espero que os guste:
El Salvador
Aquí me siento en paz
respiro …
Las risas y los llantos de los infantes
la cháchara de los mayores
el gallo paseando arriba y abajo
marcando territorio con su canto
respiro …
Los colores
intensos verdes, lilas, rojos y amarillos
La lluvia
constante y viva
La gente
amable y sencilla
respiro … paz.
Texto y fotografías de Montse Salvadó Sumalla (Brigada El Salvador 2022)


