Voces brigadistas

Internacionalicemos la lucha

Internacionalicemos la lucha, internacionalicemos la esperanza

Internacionalicemos la lucha. Las palabras que integran el título de este artículo concentran una parte esencial de las ideas de base que articulan la Escuela de Formación Nacional Florestan Fernandes, coordinada desde el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), organización para la que el papel de la educación es fundamental. Hablamos de una educación entendida en todo su conjunto y magnitud (no olvidemos que la influencia de Paulo Freire está siempre muy presente dentro de la organización). Una educación popular y campesina capaz de transmitir enseñanzas y contenidos a las personas del mundo rural y hacerlo a partir de su propia realidad, desde la consciencia que esta se encuentra imbricada necesariamente con el resto de realidades que viven en otras tierras del mundo. Todas ellas afectadas (y atentadas) por los efectos del capitalismo global.

Una de las fotografías que acompañan el texto corresponde a una escuela ubicada en el Extremo Sul da Bahia, una de tantas muchas que visitamos durante nuestra estancia en Brasil en verano del 2024, como miembros de las Brigadas de Solidaridad. Podemos ver una lección sobre las abejas, donde se explica cómo el uso de los pesticidas afecta a estos animales y la interrelación existente con el cambio climático. Al lado, observamos escrito el himno del MST. Un himno que complementa la lección práctica de ciencias naturales y que incorpora la parte mística (una compleja construcción simbólica y cultural), el trabajo de base y popular y a la vez una propuesta política.

En todas las actividades del Movimiento, hay un fondo de trabajo pedagógico constante y permanente, con aportaciones teóricas y prácticas inspiradoras para todos los movimientos sociales y políticos del mundo. Es el caso de las cirandes, un espacio donde los infantes se encuentran, socializan y  se educan desde una vertiente colectiva, mientras las madres participan en diferentes procesos formativos. Una apuesta para la educación comunitaria y el desarrollo humano en toda su dimensión.

El discurso de la MST no se limita a criticar la miseria y las contradicciones que operan alrededor del planeta. En las escuelas, no se enseña solamente porque las abejas están en peligro, sino que se trata de transmitir porque son importantes, qué es eso que las amenaza y qué podemos hacer para solucionarlo, a nivel local, regional, nacional y  global. En todas las escalas. Un enfoque que ayuda a comprender cómo el agronegocio que esclaviza y expulsa a los y las campesinas de su tierra, y que también contamina las aguas de sus territorios, es exactamente lo mismo que incide en las flores que las abejas deberían polinizar y destruye la biodiversidad que estas precisan. I que enseña también cómo ante esta situación de opresión e injusticia pueden organizarse y cuáles son las posibilidades y la fuerza que tienen como colectivo, sea a través de ocupaciones, a través de las marchas anuales o a través de la resistencia activa de la extrema derecha.

No se trata de una cuestión local, es una cuestión de lucha global. Porque a quién se enfrentan y resisten día tras día, cada vez más, es a las grandes multinacionales, que ya no tienen la sede en la fazenda, sino a miles de kilómetros. Un hecho que facilita que el señalamiento de las vulneraciones de derechos se vuelva más lejana, impersonal y diluida que en aquellos tiempos anteriores en qué luchaban contra el fazendeiro.

Es en este sentido que la lucha y la solidaridad internacionalista se revela indispensable para superar estas problemáticas. Porque los alimentos con agrotóxicos que consumimos tienen su raíz en la decisión de especular con la tierra y de usarla como una mercancía, sin tener en cuenta las consecuencias sobre las comunidades que viven allí. Un sistema donde cada trozo de tierra es tan solo un número, que puede dar más o menos rentabilidad, pero donde la vida en su conjunto no tiene ninguna importancia. I en el cual todos y todas acaban consumiendo esa comida contaminada, respirando la niebla tóxica, porque el beneficio económico de pocos se prioriza por delante de las vidas de millones y millones de personas.

En Brasil, el entramado de empresas del agronegocio se encuentra estrechamente conectado a la extrema derecha. Durante la visita de la Brigada de Solidaridad, pudimos escuchar experiencias de miembros de asentamientos y campamentos que habían sufrido violencia por parte de diferentes grupos armados de la extrema derecha, un hecho que en la legislatura de Jair Bolsonaro se había vuelto recurrente, llegándose a recibir ataques con pintadas y amenazas en escuelas.

Con esto observamos como la construcción de la extrema derecha se articula a nivel global, pero como las repercusiones se sienten y se viven en cada campamento, asentamiento o comunidad. Es por esto que actualmente el MST atraviesa un momento de re-articulación organizativa con tal de hacer frente, por ejemplo, a todas las fuentes de desinformación y noticias falsas de las cuales se nutre la extrema derecha alrededor del mundo. Esta voluntad de transformación no puede limitarse solo a la defensa ideológica ante los extremistas, sino que debe pasar por seguir consiguiendo la Reforma Agraria Popular, y al mismo tiempo, como toda una alternativa de vida real para todo el mundo que malvive en las periferias, en las fazendas o en la calle.

Cada ocupación permite que más familias puedan conseguir un mayor control sobre sus vidas, en tanto que les permita producir alimentos y comercializarlos, y mantenerse juntas para hacer frente a la violencia, el expolio y la miseria que sufren desde hace siglos. Cada ocupación implica una pequeña victoria ante el colonialismo y el racismo, los grandes terratenientes (fazendeiros) y, ahora más que nunca, ante el poder del capital global y su alianza con la extrema derecha.

Internacionalizar la lucha es aprender de las lecciones que movimientos como el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra nos ha dado y siguen dándonos. Aprender de ello y compartirlo para poder aplicarlo, a la vez que se establecen vínculos entre organizaciones a nivel local e internacional. Internacionalizar la esperanza es algo que proviene de la lucha, pero no únicamente: es necesario educar, cultivar y observar para llegar a ser capaces de construir algo nuevo y depositar el germen de un nuevo mundo.

  • Fotografía portada: Alrededores del monte Pescoço, con Ecoturismo Pau Brasil, proyecto surgido del mismo asentamiento, con la voluntad de proteger el entorno del bioma mata atlántica y al mismo tiempo generar sitios de trabajo para los jóvenes de los asentamientos.
  • Fotografía interior 1: Pizarra de la escuela de un asentamiento del MST en el Extremo Sul de Bahia durante una clase a infantes.
  • Fotografía 4: Pintadas realizadas por grupos bolsonaristas ante la escuela del asentamiento durante la legislatura de Bolsonaro.

Texto y fotografías de Jan Gálvez Rastrojo (Brigada Brasil 2024)